pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido que todo destruye haya matado mi vieja ilusión, queda escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón. Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo, patearon mi sien, sentir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada, que febril la mirada errante en la sombra te busca y te nombra. Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.
miércoles, 4 de febrero de 2009
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